Hay personas que dejan huella por lo que hacen, y otras —las más valiosas— por cómo son. Hugo Nelson Lacava Schell pertenecía, sin dudas, a este último grupo. Su fallecimiento, a los 70 años, deja un vacío profundo en Resistencia, donde supo construir mucho más que una carrera: una vida llena de afectos.
Nacido en Uruguay, pero argentino por elección y por historia, inició su camino en el fútbol nada menos que en Boca Juniors, donde debutó en 1974 y formó parte de uno de los ciclos más recordados del club, bajo la conducción de Juan Carlos Lorenzo. Aquel equipo quedó en la memoria grande por el bicampeonato de 1976.
Volante fino, de esos que hacen fácil lo difícil, dejó su sello en varios clubes. En Temperley alcanzó el cariño eterno de los hinchas, siendo protagonista del ascenso de 1982. También vistió las camisetas de Quilmes, Lanús y Chaco For Ever, entre otros, siempre con esa elegancia que lo caracterizaba dentro de la cancha.
Pero su historia no terminó cuando colgó los botines. En Resistencia encontró su lugar en el mundo. Allí fue técnico, periodista, locutor, conductor de televisión y, sobre todo, un compañero de esos que hacen más liviano cualquier día.
Quienes compartieron con él no hablan primero del futbolista, ni del periodista, sino de la persona; la sel abrazo sincero, del “yo también te quiero” que devolvía sin vueltas, del humor justo en el momento indicado. Tenía esa rara virtud de hacer sentir bien a los demás, incluso en tiempos difíciles.
Hoy el deporte despide a un protagonista de otras épocas, pero la ciudad despide a alguien más cercano: un vecino, un colega, un amigo. De esos que no se olvidan.
Porque al final, más allá de las camisetas y los logros deportivos y periodísticos, a Hugo Lacava Schell se lo va a recordar por algo mucho más importante: haber sido, simplemente, un buen tipo.
Reproductor de vídeo


