Con la llegada del verano y las altas temperaturas, el cuidado de la salud visual cobra especial relevancia. En ese contexto, el oftalmólogo Dr. Paulo Rolfi brindó una serie de recomendaciones fundamentales para prevenir afecciones oculares asociadas a la exposición solar y a los hábitos propios de esta época del año.
El especialista remarcó la importancia de mantener una rutina anual de controles oftalmológicos, independientemente de si la persona presenta o no problemas visuales. “En un verano intenso como el que estamos atravesando, hacemos especial hincapié en la protección de los ojos con anteojos de sol de buena calidad”, señaló.
Según explicó, es fundamental utilizar anteojos de sol con filtros UV adecuados, preferentemente polarizados y avalados por los organismos correspondientes. En ese sentido, advirtió sobre los riesgos de adquirir lentes en lugares no habilitados. “A corto o largo plazo, ese tipo de anteojos termina deteriorando aún más la visión”, indicó.
Además, el Dr. Rolfi recomendó el uso de gotas lubricantes o lágrimas artificiales, siempre bajo indicación médica, ya que ayudan a refrescar la superficie ocular, mejorar la calidad visual y prevenir molestias como sequedad o irritación.
Riesgos de usar anteojos no recetados
El oftalmólogo explicó que cada paciente requiere una corrección personalizada, por lo que el uso de anteojos sin receta puede generar un perjuicio progresivo en la visión. “No es lo mismo lo que usa una persona que lo que necesita otra. Usar anteojos no indicados va sumando problemas y termina afectando seriamente la salud ocular”, sostuvo.
En el caso de los anteojos de sol sin filtros adecuados, alertó que la radiación solar puede dañar directamente la superficie del ojo, provocando afecciones como ojo seco, enrojecimiento, dolor ocular, queratitis y conjuntivitis, entre otras complicaciones.
Frecuencia de los controles oftalmológicos
Respecto a la periodicidad de las consultas, el Dr. Rolfi recomendó:
- Pacientes entre 15 y 40 años: un control oftalmológico anual.
- Niños y adolescentes en edad escolar: hasta dos controles por año, especialmente para evaluaciones preescolares y educativas.
- Personas mayores de 45 años: al menos dos controles anuales, debido a la aparición de la presbicia y otras dificultades visuales asociadas a la edad.
Finalmente, el profesional insistió en la importancia de la prevención y el seguimiento médico, destacando que una consulta a tiempo puede evitar complicaciones y preservar la calidad visual a lo largo de la vida.


