viernes, octubre 23, 2026
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    El precio de la carne: entre controles y realidad productiva

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    En Argentina, pocas discusiones despiertan tanta sensibilidad social como el precio de la carne. No se trata solo de un alimento: es parte de la identidad cultural y del consumo cotidiano. Sin embargo, cada vez que los precios suben, el debate reaparece con una dicotomía recurrente: ¿intervenir para contenerlos o dejar actuar al mercado?

    Desde una mirada productiva, el problema no puede entenderse sin revisar decisiones del pasado. Las políticas implementadas a partir de 2006, durante el gobierno de Néstor Kirchner, marcaron un punto de inflexión. El cierre de exportaciones y los posteriores mecanismos de control profundizados durante la gestión de Cristina Fernández de Kirchner buscaron desacoplar los precios internos de los internacionales. Pero esa intervención tuvo costos.

    Cuando al productor se le paga por debajo del valor de mercado, la consecuencia es previsible: cae la rentabilidad y se desincentiva la producción. A eso se sumó un factor climático determinante, como la sequía de 2008 y 2009, que aceleró la liquidación de vientres. El resultado fue una caída significativa del stock ganadero, pasando de alrededor de 60 millones a 48 millones de cabezas en pocos años.

    Este dato no es menor. La ganadería no responde de manera inmediata a los cambios económicos. Tiene lo que los especialistas llaman “inercia biológica”: menos vacas hoy implican menos terneros mañana y, por lo tanto, menor producción futura. Es un proceso lento de revertir.

    En ese contexto, el aumento actual de los precios encuentra una explicación lógica: hay menos oferta de carne frente a una demanda que no solo se mantiene, sino que crece, impulsada además por los mercados internacionales. Hoy Argentina compite por su propia producción entre el consumo interno y las exportaciones, lo que tiende a alinear los precios con los valores globales.

    Frente a este escenario, insistir en controles o restricciones puede resultar tentador en el corto plazo, pero riesgoso en el largo. La historia reciente muestra que este tipo de medidas, lejos de resolver el problema, pueden profundizarlo al desalentar la inversión y reducir aún más la producción.

    La discusión de fondo debería ir en otra dirección. Recuperar el stock ganadero, mejorar la productividad y generar condiciones estables para invertir son pasos necesarios si se pretende aumentar la oferta y, con ello, moderar los precios de manera sostenible.

    El desafío no es menor. Implica abandonar soluciones inmediatas que suelen ser políticamente atractivas pero económicamente frágiles, y apostar por políticas de largo plazo. Porque en ganadería, como en tantos otros sectores, los resultados no se construyen de un día para otro.

    En definitiva, el equilibrio de precios no se impone: se construye. Y, en el caso de la carne, ese equilibrio parece depender más de producir más que de intervenir mejor.

    Walter Javier Detzel
    Productor agrícola
    El messi de las sandías

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